Desde que empecé a reconocer mi cuerpo, se me ocurrió empezar a tocarme: esas cosquillas entre las piernas me gustaban mucho aunque no sabía que estaba pasando ahí. Rápidamente, antes de tener los 14 años, ya tenía un largo camino recorrido en la masturbación. Era mi secreto, nadie sabía que todas las noches, antes de dormir tocaba mi coño para darme placer. Pero lo hacía.
No tenía mucho interés en los chicos. Eso de pasar por los procesos de coqueteo y sonreír a las tonterías cuando te quieren follar, no era lo mío. Así que me mantuve virgen hasta los 18 años. No necesitaba una polla para estar bien. Lo malo es que eso me convirtió en una chica alejada de los grupos y me veían como algo extraño. No entendía el porqué de juntarse y hablar tonterías.
Pero mi vida cambió drásticamente el día que mi padre enfermo, termino en un hospital y yo estaba sola. Mi madre se fue cuando yo era muy pequeña -al menos eso fue lo que me contaron-. No supe nunca nada de mi familia materna y solo tenía a mi papá y a mi abuela, que ya estaba muy anciana en una casa de retiro. Pero tuve que pensar en resolver los problemas que se presentaban porque nadie lo haría por mí.
Entonces fue cuando tuve que dejar el colegio y salir a buscar empleo. Mi padre enfermo y sin dinero, algo tenía que hacer. Cruzando a dos cuadras de donde vivía, había una tienda donde me aceptaron limpiando las vitrinas algunas horas al día, pero apenas era una limosna; difícilmente alcanzaba para comer yo sola. Pasaron dos meses y un día me desvió de regreso a casa, no sé por qué lo hice. Pero cruce el parque donde siempre los chicos se divertían cuando era estudiante.
Ahí pude notar a un grupo de jóvenes vestidos con uniforme y algunos hombres que parecían policías. No sabía que pasaba y tampoco me intereso mucho, pensé que era algo de ese día y luego no los volvería a ver. Pero sí pude notar que todos eran jóvenes y algunos guapos. Llegue hasta mi casa y luego de prepárame un sándwich, procedí a masturbarme como siempre lo hacía cada noche.
Pero el día siguiente, de regreso tome la misma ruta y pude ver lo mismo del día anterior: esta vez si quería saber que hacían todos esos chavales ahí sentados y con uniforme. Entonces me senté a unos metros de ellos para observar y rápido me di cuenta que se trataba de chicos pagando servicio comunitario por haber cometido algún delito leve. Delincuentes al fin. Pero me llamo mucho la atención lo guapo que se veían. Algo que no había visto en los chicos del pueblo.
En cierto modo, esa actitud irresponsable y rebelde, me llamo la atención y hasta me pareció muy sexy. Nunca antes me había sentido atraída a un chico de esa forma, ahora me estaba poniendo cachonda con varios. AL momento fue confuso y extraño, pero me quede ahí a ver si me podían notar. Y fue lo que paso: uno de ellos me empezó a saludar a lo lejos y los demás también lo empezaron a hacer. Yo solo sonreía como adolescente ruborizada, pero me gustaba y quería que siguieran.
Entonces empecé a repetir la misma rutina todos los días, el mismo camino y me sentaba unas horas a que me vieran los delincuentes. Pero jamás espere que unas semanas después, uno de ellos se acercara a mí, pensé que no podían alejarse pero luego Carlos –así se llamaba- me comento que lo podían hacer siempre que avisaran a supervisor que lo iban a hacer. Entonces todo fluyo muy rápido: “¿Cómo te llamas?”, me pregunto. – Soy Claudia, ¿y tú? – “Carlos. ¿Te apetece ganarte unos euros?” Todo fue muy rápido, no sabía de qué estaba hablando y yo ni siquiera había subido la mirada a verle la cara, estaba mirando su paquete de una forma disimulada.
Entonces le pregunte que de qué iba y me respondió: “Me la chupas por 5 te puedo follar por 10”. Al momento me dio mucha vergüenza, realmente pensé que me iba a proponer comprarle algo porque no podía hacerlo él mismo. Cigarrillos tal vez, o alguna comida. Me levante y me fui sin despedirme. Pero todo el camino a mi casa me quede pensando en su osadía y atrevimiento. Yo no era una puta, ¿pero a quien le importaba si lo era?
Entonces me puse mi cara de zorra y al siguiente día, luego de salir del trabajo, fui directamente donde estaban ellos y me hice ver. No pasaron unos minutos cuando ya Carlos venia hacia mí para saludarme. Solo le dije: Hola, sí. Y Carlos con una sonrisa cachonda en la cara y un poco perdido me pregunta: “¿Si que?” – ¡Que si quiero los 5 o 10 euros! En ese momento pude ver como su rostro se llena de impresión y sorpresa, me dice que está bien y que ya vuelve.
Comenta algunas cosas con sus amigos y luego de pedir permiso al supervisor, me señala detrás del callejón donde echan la basura las tiendas cercanas. Mientras caminaba, me hacía señas con las manos para que yo fuera y eso hice. No sabía que iba a pasar ni cómo hacerlo, pero ya iba en camino y no había marcha atrás.
En el callejón, Carlos pone su espalda sobre un contenedor que tapaba la vista al exterior, saca su polla y me dice que me incline a chupársela. No había visto su polla aun, creo que no quería verla. Iba a tener sexo con otra persona por primera vez en mi vida y solo había hablado dos veces con ese chico. Además me iban a pagar, los nervios se apoderaban de mí por no saber qué iba a hacer. Pero también tengo que decir que no fue brusco ni violento, acariciaba mi cara mientras yo intentaba chupar su pene. Jamás lo había hecho, pero no tuve ninguna queja de él, tal vez porque solo es lamer y chupar como si fuese un dulce y no tiene mucha ciencia aquello.
Pero tampoco paso mucho tiempo, algunos minutos y empiezo a sentir ese líquido salado que salía de su polla y no sabía si dejar de chupársela o seguir haciéndolo; tragármela o escupir. Pero necesitaba tomar aire y me la trague rápidamente. Lo que parece que fue buena idea así no tendría que luchar con eso en un futuro. Luego de correrse, Carlos me dijo que me quedara ahí, luego de darme mi dinero, se fue. Ya me estaba limpiando la boca y arreglando el cabello cuando llego otro de los chavales. Al parecer, iba a chupar muchas pollas ese día.
Me da vergüenza admonitor que la segunda verga que tenía en mi boca, hizo que empezara a comparar. Ser una prostituta novata y todo el estigma que eso conlleva, no era problema para mí. Solo quería comparar las vergas que me estaba chupando. Luego de hacer 10 mamadas ese día, me fui a mi casa con 50 euros. Por fin pude comprar comida decente y eso era mucho más de lo que pidió ganar limpiando vidrieras. Entonces hice lo que cualquiera haría: luego de salir de trabajo, pasaba por el parque y hacia unas cuantas mamadas antes de irme a mi casa.
Gracias a eso pude ahorrar algo de dinero y costear los tratamientos de mi padre. Hoy tengo 30 años, mi padre murió cuando yo tenía 21 años. Estoy felizmente casada y mi marido no sabe que yo hice esas cosas. Quiero pensar que es como una de esas fantasías que tienen todas las mujeres, solo que yo la hice realidad y sin siquiera buscarlo.