Soy la amante del hombre que era mi suegro

Me case con un hombre amable y educado, pero rápidamente me di cuenta que no era lo que yo esperaba de él, su buen actuar siempre iba a asociado a la necesidad de ser visto haciendo las cosas bien, luego que nadie veía, ya se convertía en un apático y alejado hombre a quien yo le interesaba muy poco. Se puede decir que tenía un matrimonio por apariencias.

Poco podía saber yo antes de contraer matrimonio. Su padre, un hombre más chapado a la antigua, siempre ponía primero a su familia. Eso fue lo que vi y pensé que su hijo podía ser igual. Pero resultó ser un egoísta con un ego muy grande. Su madre, es una mujer mayor quien poco sale, su salud no se lo permite y su esposo –el padre de mi ex esposo- aún sigue con ella. Algo que puertas afuera se ve muy hermoso y enternecedor, pero en el fondo, es mucho más complejo.

Todo empezó tres meses de haberme divorciado, tomaba un café en la calle y me encontré con mi ex suegro. Se sentó en la mesa a conversar conmigo, me contaba que extrañaba que estuviera en la casa y que se había hecho mucha ilusión con los nietos que le podía dar. Pero luego de pasar por las añoranzas, me dijo que era una pena que su hijo no se hubiese dado cuenta de la hermosa mujer que tuvo a su lado. En cambio, la dejo ir. Yo no había tenido contacto con nadie de esa familia hasta ese día y me hizo sentir muy bien. Uno nunca sabe a quién culpan a la hora de un divorcio, pero me dejo claro que tenía presente que su hijo no me supo valorar.

Entonces pasamos a conversar sobre cosas y mientras hablaba con él como un hombre y no como un suegro, más me empezaba a encantar su forma de ser. Anteriormente lo veía como familia, era el hombre que sería el abuelo de mis hijos y eso representa un bloqueo para una mujer como yo. Era incapaz de verlo como hombre, pero ahora era una mujer divorciada y no lo pude evitar. Luego de horas de compartir algunos dulces y café, nos despedimos y me pidió que no perdiéramos el contacto, que había sido muy agradable hablar conmigo. Yo tenía su número y le dije que estaba bien.

Todo quedo ahí hasta que dos meses después se me ocurre preguntarle cómo estaba. Le escribo saludando y sin buscarlo, la conversación se extendió hasta largas horas de la noche. Me estuvo contando lo difícil que era seguir con su mujer. Que un hombre de 50 años todavía tiene deseos y que no tiene nadie a quien darle su amor porque su mujer está muy enferma. La señora requiere cuidados de un profesional, no puede valerse por sí misma y mucho menos llevar una relación de pareja. Tampoco salir y compartir una comida o al menos conversar un rato. Sentí pena por él, pensé que no era justo que un hombre bueno tuviera que estar solo cuando hay mujeres que solo nos topamos con los incorrectos. Luego de charlar mucho, nos despedimos y me quede dormida.

En la mañana siguiente lo primero que leí en mi móvil, fue su mensaje de buenos días. Hace mucho que un hombre no tenía ese detalle conmigo y admito que me gusto. Pero era el padre de mi ex esposo. Le respondí y trate de no pensar en eso por un rato. Al medio día, luego de reflexionar un poco, me di cuenta que no debía atarme a algo que ya no es y le escribí para vernos. Lo invite a tomar una copa en el piso que estaba rentando a eso de las 7 de la noche. No creo que supiera que estaba dispuesta a seducirlo, posiblemente fue inocente y solo buscaba una amiga, pero hay hombres que merecen tener una mujer que los ame y los haga sentir bien.

Llegado el momento, yo tenía un vestido corto y no me puse bragas; cabello recogido y poco de perfume, sin exagerar con el maquillaje. No quería verme vulgar pero si quería verme algo provocadora. Llego y rápidamente lo hice pasar, hice que se sentara en el sofá mientras yo iba por una botella de vino. Empezó a decirme lo atractiva que estaba y lo bonitas que eran mis piernas. Así que entré a la cocina donde no podía verme y subí un poco más mi vestido. Mis tetas no son muy grandes, así que no les confió mucho, prefiero usar mis piernas que están firmes y bien formadas.

Salí al sofá con una sonrisa encantadora y una mirada de puta para sentarme a su lado. Tomamos las copas y mientras le ofrecía brindar, le dije: “por nosotros”, y chocando las copas, sonrió. Tome un sorbo y poniendo una de mis piernas sobre la de él, le di un beso en la boca. Quería provocarlo, pero no pude dejar de besarlo. Estar ebria por el vino iba a ser mi excusa, pero no pude llegar hasta allá. Puse la copa sobre la mesa y me monte sobre él mientras lo besaba apasionadamente. Él metía sus manos sobre mis nalgas mientras intentaba subirme el vestido. Yo intentaba desabrochar su pantalón quien se resistía, pero él mismo lo hizo y pude tomar su polla con mis manos.

Aun un poco flácida, se empezaba a poner dura, pero eso no era problema porque yo estaba lista para hacerle una mamada y dejarlo preparado para darme una follada. Bajó mi vestido y empezó a besar mis tetas, eso me puso muy caliente. Aunque las tengo pequeñas, me encanta que me besen los pezones, me excita mucho. Empujaba mi pecho contra su cara para sentir su barba hacerme cosquillas, él besaba mis pechos y con sus manos, metía sus dedos dentro de mi coño. Me despegue de él y me puse de rodillas, empecé a chupársela con muchas ganas y rápidamente me halo hacia él nuevamente, pero esta vez para que me sentara sobre su verga dura.

Así lo hice, me la metí yo misma y empecé a moverme. Se sentía muy rica, más rica que la verga de su hijo y mucho más grande. Además, él seguía chupando mis tetas mientras yo lo montaba. Eso hacía que me calentara más y rápidamente pude tener un orgasmo muy intenso. En ese momento, al ver que me retorcía de placer, tomo mi cabello y empezó a pasar su lengua por mi cuello, lo que hizo que me calentara mucho más y fuera en busca de otro orgasmo. Pero me tomo por la cintura y se acostó sobre mí, metió su lengua hasta el fondo de mi garganta y empezó a clavarme tan fuerte que se escucha el sonido de su pelvis chocando con la mía.

Así estuvimos un rato mientras yo gritaba de placer y el gemía como un toro salvaje. Hasta que no pude aguantar y enrolle su cintura con mis piernas para tener otro orgasmo. Él también se vino en ese momento, ambos nos vinimos y yo lo apretaba tan fuerte que quería fundirlo con mi cuerpo. Luego nos besamos y nos quedamos abrazados un largo rato en el sofá. Desde ese día nos vemos dos veces por semana. Siento que estoy enamorada de él aunque me lleve 25 años de diferencia. Pero creo que la mujer debe estar con el hombre que la hace sentir bien, aunque ese hombre era mi suegro.

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