Soy gay y me gusta mucho el semen

Siempre supe que mi orientación sexual era diferente, mientras mi amigos miraban a la madre de nuestro compañero Adolfo, yo pensaba en lo lindas que se ven las princesas. No soy afeminado, se puede decir que soy activo, aunque algunas veces prefiero sentir una polla dura en el culo. Solo que por fuera soy como un hombre rudo, aunque por dentro me sienta una chiquilla que le encantan las caricias de un hombre sobre protector.

Descubrí la masturbación muy tarde, creo que tenía 14 años cuando pensé en jalar mi polla para ver qué pasaba. Ya era algo que conocía, tengo 20 años y sabemos que hoy esos temas no están ocultos. Pero por alguna razón, relacionaba la masturbación con el sexo heterosexual. Eso no lo puedo explicar pero era un chaval, ¿qué esperaban?

Pero mi despertar sexual llego ese día que estuvimos jugando al futbol. Correr y tocar chicos era algo me gustaba mucho. Todos pensaban que era bueno por lo rudo que era, pero para mí solo se trataba de frotar mi cuerpo con muchos chicos. Luego tomábamos una ducha en el baño del colegio y podía ver a muchos a chavales desnudos.

Ese día llegue a mi casa y me sentía un poco ansioso. No sabía que estaba excitado, no tenía idea que necesitaba desahogarme un poco. Entonces me recosté sobre mi cama y cerré mis ojos para pensar en Darwin –el más guapo de mis amigos- y recordar cómo se veían sus músculos con el sudor recorriendo por su piel. Tome mi pene y empecé a presionar un poco la cabeza de mi polla. Rápidamente empecé a sentir cosquillas ricas que hicieron que se me pusiera dura poco a poco.

Ya tenía claro de que iba todo, pero jamás lo había hecho. Entonces, luego de poner un poco de saliva para lubricar, empecé a hacerme una paja. Las sensaciones fueron mejorando poco a poco y sin darme cuenta, ya me la estaba jalando más rápido y respirando muy profundo. Perdí la noción del tiempo y ya luego no tenía control de mi mano, hasta que pude eyacular. Estaba boca arriba y todo el semen cayó sobre mi estómago. Lo mire y mi primer instinto fue pasarlo por mi boca para probarlo.

Me pareció muy satisfactorio. Ese sabor salado y esa textura babosa en mi boca me parecieron como un premio a mi propio placer. Lamí mis dedos y luego limpie mi estómago. No deje ni una gota. Esa noche pude dormir plácidamente y desperté de muy buen humor. Así fue probé mi propia leche por primera vez. Desde ese día jamás he desperdiciado una gota de leche, ni mía ni de ninguno de mis amantes.

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