Tengo 18 años y mi novio tiene 19, tal vez es muy chico para mí y por eso siento que yo siempre llevo la iniciativa en todo. No es que me moleste, pero si quisiera poder abrirme más con él y que no lo vea como algo extraño o inapropiado. Su familia es de clase alta, yo soy más de clase media y soy más abierta a cosas nuevas. Él, tiende creer que hay una sola forma de hacer las cosas y esa siempre es la correcta. Por eso no sabe que me masturbo y mucho menos que lo hago con un pepino.
Antes probé con un consolador, pero me vi sintiendo que me faltaba un poco más. MI chico tiene una polla normal, yo diría que 16 centímetros lo es. De todos mis amantes, el que la ha tenido más grande, eran unos 18 centímetros. Así que ninguno puede competir con un pepino que fácilmente puede medir hasta 30 centímetros. Es tener un consolador que la naturaleza ha puesto ahí para mí, ¡no lo voy a desaprovechar!
Siento que las mujeres no hablamos de esto, pero estoy convencida de que todas, en cierto modo, usamos cosas que no se supone que son para meternos en el coño, pero aun así, nos sirven para darnos placer. Es como ese secreto que todas conocemos, pero que ninguna se atreve a hablar de ello. Yo misma lo estoy haciendo de una forma anónima porque no puedo evitar sentir vergüenza, pero no puedo negar que estaría feliz en una isla desierta siempre que tenga pepinos para comer y hacerme pajas.
Uso un condón, eso hace que se lubrique bien y me entre suave por el coño. Siempre es un poco más delgado en la punta y eso sirve para empezar a calentarme. Luego cuando ya quiero venirme, entonces lo meto hasta el fondo para sentir que se me estira el coño y eso me provoca más placer. No sé si es porque ya tengo mucha prácticamente o realmente, de alguna forma Dios, en su infinita sabiduría, hizo el pepino para que las mujeres nos diéramos placer. Pero la verdad, es que no puedo vivir sin tener algunos de varios tamaños en mi nevera. Nadie te va a llamar puta por meterte muchos pepinos en el coño, porque no tienes que contárselo a nadie.