Me gusta ver a mi mujer follando con otros hombres

Soy un hombre felizmente casado y me gusta ver a mi mujer follando con otros hombres. Ella es una dulce esposa y además una hermosa mujer, para mí es un sueño hecho realidad. Yo por mi parte, prefiero ver como ella recibe placer mientras yo hago de mirón. Tal vez piensen que soy un corundo pervertido y cualquier otro adjetivo que quieran poner, lo cierto es que posiblemente sea verdad.

Soy muy cachondo, me gusta mucho el sexo pero por alguna razón, no siendo el deseo de estar con otras chicas. No malentiendan, puedo apreciar y en cierto punto, ponerme caliente mirando a otra chica, pero de fantasear no pasa. Lo mío es hacer cosas diferentes con mi esposa y a ella eso también le gusta mucho. Parece que de alguna forma –aunque tenemos problemas como cualquier pareja- en el sexo nos complementamos.

Y todo empezó ese día de septiembre, hace tres años cuando por fin… tuve mis merecidas vacaciones. Dos años completos trabajando sin descanso para lograr objetivos labores y ya cumplidos, tenía un mes completo para estar con mi familia. Entonces decidimos que iríamos a la playa: cervezas, sol y mucha gente extraña nos sentaría bien para olvidarnos de la ciudad.

En la costa pudimos pagar un sitio pequeño pero muy cómodo. Una cocina, un baño grande como para relajarse en la tina y una alcoba con una cama de las más grandes. Al entrar, solo pude pensar en lo cómodo que iba a ser estar ahí al menos unos 20 días. Un balcón con una vista que nos dejaba ver la playa hacia que todo pareciera genial. Nada lujoso pero si cómodo.

Al dejar las maletas y ver a mi mujer tirada en la cama descansando del viaje, fui a la ventana a ver todo lo que estaba ahí para nosotros. Rápidamente note a un hombre en la habitación de al lado de la nuestra cuyo balcón, dejaba ver el nuestro. Como en esas películas románticas donde puedes hablar con tu vecino de habitación. Rápidamente salude y nos pusimos a charlar.

Carlos –el vecino de alcoba- me conto que estaba con su amigo y llevaban una semana ahí, ya conocían el pueblo y podían sugerirnos algunos sitios divertidos para pasarla bien. Casi que me puse a tomar nota hasta que mi esposa me llama para decirme que tomemos un baño. Todo fue normal ese día, ya era la tarde y luego de ducharnos, salimos a cenar, tomamos unas copas y volvimos a dormir para recuperar las fuerzas perdidas por el viaje.

Pero el siguiente día ya desde muy temprano, mi esposa esta despierta y me levanta porque quiere ir a la playa a llevar a sol. Todos sabemos cómo son las mujeres con ese tema de tirarse en la arena y dejar que el sol caliente sus cuerpos. Entonces, como buen esposo, hice lo que ella quería. En la tarde, para el almuerzo, volvemos y mientras nos alistamos para una ducha, vuelvo al balcón donde escucho algo de ruido. Carlos y Víctor –el otro amigo- tomaban unas copas y parecía que ya llevaban unas cuentas rondas.

Al instante puedo ver a Víctor quien me saluda y se presenta muy amistosamente, Carlos ya le había contado de nosotros. Llamo a mi esposa y cumplo con las formalidades, ella rápidamente se retira y sigue con los arreglos de nuestras cosas en la habitación para luego irnos a almorzar. Pero ahí fue cuando algo paso por mi cabeza, su desinterés en ellos, me hizo pensar en lo imposible.

Ya desde siempre me gustó mucho ver videos porno donde hacen bukakes y gang bangs. Siempre ha sido mi tipo de porno favorito y mi esposa siempre lo ha sabido. Somos muy abiertos en ese sentido, pero jamás había pensado en ir más allá hasta ese momento. Algo en mi me hizo pensar. Estamos en un lugar donde nadie nos conoce y a estos dos tíos jamás los volveremos a ver, ¿Por qué no? Y ya desde ese punto no había marcha atrás, iba a tratar de convencer a mi esposa de hacer un trio con estos dos tíos.

No sabía cómo lo haría pero sí que estaba decidido. Y entonces se dio todo muy fluido, mientras comíamos, le pregunte que le parecían los dos chavales del cuarto contiguo. “Son jóvenes; se están divirtiendo: ¿qué quieres que te diga?”, me responde ella con la duda de saber exactamente qué era lo que yo quería saber. Entonces le pregunto directamente, ¿te parecen guapos?“Claro que lo son, ya te dije: son jóvenes, a los 25 la mayoría de los chavales son guapos”, fue su repuesta mientras degustaba su pescado en la mesa del restaurante.

Y ahí fue cuando hice mi movida, sin dudarlo y preparado para que me dijera que no, le pregunte si algunas vez había pensado estar con dos hombres a la vez. Era una pregunta que ya le había hecho, ya sabía la respuesta, ella pensaba que dos hombres para una sola mujer, solo sería satisfactorio si la mujer era tratada con cariño y todo el enfoque iba a darle placer a la mujer. Eso de ser tratada como una perra no le parecía atractivo. Entonces, luego de yo hacer la pregunta, me mira a los ojos y me cuestiona: “¿En qué estás pensando mi amor?”, mirándome fijamente a los ojos y con una expresión que dejaba la puerta abierta para hacer mi propuesta.

Entonces no dude y le dije que se me había ocurrido la loca idea de hacer que ella hiciera un trio con Carlos y Víctor. Que tenía horas pensando en eso y que no podía sacármelo de la cabeza. “¡¿Estás seguro?!”, me pregunto de una forma muy seria. Seguramente yo no lo estaba pero solo pensarlo, hacía que sintiera cosquillas en el estómago.

La verdad no sabía que pasaría ni que iba a sentir, pero le dije que estaba seguro y que si quería ver como ella estaba con dos hombres. Rápidamente me dijo: “Luego no hay marcha atrás, no se podrá borrar luego de hacerlo y si no es como esperabas, se puede dañar todo”. No podía haber más coherencia y verdad en una oración justo en ese momento, pero el morbo puede más. Por suerte para mí, era exactamente lo que quiera.

Luego de comer, subimos a la habitación y nos acostamos en la cama, nos abrazamos y besamos un rato como si la conversación no habría tenido lugar. Parece que lo estaba pensando o estaba dejando que yo lo pensara, pero luego de quedarnos dormidos por una hora, nos despertamos y le pregunto: ¿Lo hacemos amor?. Mi mujer, con ojos de amor y un poco de curiosidad me responde: “Si crees que podemos con esto y ambos lo vamos a disfrutar, ¡hagámoslo!”. Ya tenía el consentimiento y ahora venía la parte un poco más vergonzosa: Tenía que convencer a Carlos y Víctor… algo que realmente fue muy fácil.

Llegada las 7pm toque su puerta, la música electrónica de fondo hacia obvio que estaban ahí, pero tuve que insistir varias veces para que abrieran. Víctor es que quien abre y apenas al saludar, pude ver a Carlos bailando como loco en el centro de la habitación. Era obvio que ya los tragos le habían hecho efecto, aunque estaban muy cuerdos, solo se divertían como lo hacen los chavales. Víctor me hace pasar y rápidamente me invita un trago directo de una botella de whiskies, lo recibo y Carlos, desde el otro lado, me grita: “¡Vecino!”, de una forma muy animada. “¡Vamos tío que la marcha no pare!”, sigue exclamando vigorosamente.

Pero luego de cerrar la puerta la puerta y sentarme en la cama, ya me sentía en confianza, tal vez los tragos hicieron todo fácil, el licor ayuda mucho. Entonces, sin dar muchas vueltas les digo todo. Tengo 45 años y soy un exitoso vendedor del mundo de los farmacéuticos, no sería muy difícil convencer a dos chavales de follarse a mi mujer. Solo tenía que saber cómo venderlo. Y se dio muy fluido, porque Víctor fue el primero en abrir la puerta diciendo: “Que guapa tu muer tío, que te habéis sacado la lotería”, mientras me daba una palmada en la espalda. Luego de eso, entre tragos, les dije que en efecto buscábamos una aventura. Que éramos una pareja swinger de mente abierta y que yo estaba ahí para proponerles hacer un trio con mi mujer. La única condición era que yo tenía que estar presente para que ella se sintiera cómoda y segura.

¡Obvio! No te sueltan eso así no más y te lo tragas. “¡¿En serio?, ¿nos estáis tomando el pelo?, ¿qué es demasiado bueno para ser verdad tío?!”, era lo que decían ambos mientras se miraban entre ellos mostrando incredulidad. Pero rápidamente dijeron que si, tal vez tenían la duda, pero por si acaso, dijeron que sí. Y entonces así fue como todo estaba organizado. Carlos y Víctor iban a tomar una ducha y en 20 minutos nos veríamos en mi habitación para que ambos se follaran a mi esposa mientras yo observaba. Esa fue mi primera vez como corundo.

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