Tengo mi esposa: una chica esbelta con un cuerpo de gimnasio. Podría decirse que está muy buena y además es muy buena mujer. No tenemos hijos, queremos esperar un poco y establecernos mejor. Pero tengo una debilidad: es que la vecina gorda me pone muy cachondo y no lo puedo evitar. Parece que algo en mí se siente muy atraído a ella; no es amor, amo a mi esposa, pero me gusta mucho follar con la vecina.
Todo empezó una tarde cuando me pidió ayuda para sostener su puerta mientras ella metía unas bolsas. Coincidamos en las escaleras y yo la ayude con sus paquetes. Yo iba delante de ella con la carga más pesada y ella detrás de mí, me preguntaba cómo estaba mi esposa y esas cosas triviales que hablas con quienes viven al lado. Entonces abre la puerta, me pide que la sostenga y yo me quedo ahí con las cosas en la mano mientras ella entraba y salía llevando cada una de ellas. Me agradece y me dice que está a la orden, que es ingeniero informático y cualquier cosa que necesite, estaba bien por ella.
Yo lo sentí como una oportunidad de negocio, aprovecho el momento para promocionar su trabajo y quien sabe que pasaría, no lo vi como una invitación a hablar con ella y tal vez no fue eso en un principio. Aun no lo sé. Lo que si recuerdo fue verla agachándose arreglando las bolsas y el gran culo que se le veía. En el momento no, pero luego de entrar a mi casa, no pude dejar de pensar en lo enorme del culo que la vecina. Al día siguiente coincidimos nuevamente, yo iba comprar unas cosas y ella iba a atender un cliente, así que por cortesía, le ofrecí llevarla en mi coche lo más cerca posible y acepto.
Yo sabía que no debía seguir adelante; no debí haberme ofrecido porque me pondría en un punto donde ya no había marcha atrás. Pero parece que no podía o no quería. Entonces todo pasó muy rápido, charlamos sin parar en todo el camino y algo hizo clic. Quedo en mostrarme su colección de muñecas rusas y yo acepte. Ninguno –ni ellas ni yo- hizo mención de mi esposa. Ya estaba claro, la gorda se me estaba ofreciendo y no tenía la fuerza de voluntad para decirle que no.
Entonces llega la hora, toco a su puerta mientras mi mujer estaba donde su hermana. Tenía unas 6 horas libres y no las iba a usar viendo series en NetFlix como le había dicho a mi esposa, iba a visitar a la gordita y a “ver su colección de muñecas rusas”. Pero todo paso mucho más rápido de lo que esperaba, al entrar, me pide que me siente en el sofá y se va a la cocina por una copa de vino. Al volver, noto que se había bañado recientemente. Al acercase el olor a limpio y perfumado me llego, entonces se sienta a mi lado en el sofá, muy junto a mí y mirándome a los ojos ofrece un brindis. Choco mi copa con la suya y la miro a los ojos, intento besarla y ella accede. Desde ese momento fue un sorbo de vino y besos intercalados. Al terminar cada uno el trago, seguimos besándonos mientras yo agarraba sus tetas y ella pasaba la mano sobre mi polla. Era mi primera vez con una chica con sobrepeso, pero el morbo era muy grande.
Así paso muy poco para que tuviera la polla dura, ella lo noto y no paraba de apretarla. Pero tuve que ser yo quien tomara la iniciativa de meter mis manos dentro de su coño. Una raja un poco peluda y muy mojada pude sentir al meter mi mano. Eso hizo que ya no pudiera contenerme y me acosté sobre ella. Empecé a quitarle la blusa y me puse mucho más cachondo al ver sus tetas muy grandes, ¡exageradamente grandes! A tal grado que podía juntar sus dos pezones y chuparlos a la vez. De hecho lo hice y eso le excitaba mucho. Pero luego de quitarle el pantalón, vi que lo mejor estaba por llegar: una barriga prominente que escondía un coño muy grande. Parecía que duplicaba el tamaño de una raja promedio y eso es algo que incita a meter la polla ahí.
Entonces fue cuando yo me desnude y sin dar muchas vueltas, le metí la polla con muchas ganas. Las sorpresas no dejaban de llegar, su coño se sentía muy estrecho pero también podía sentir su calor por casi todo mi abdomen. Parecía que desde mi ombligo a mis piernas, podían rozar su coño. Sus enormes tetas se iban a todos lados mientras yo la clavaba con mucha fuerza. Su expresión de placer era un poema, me incitaba mucho a seguir dándole con todo lo que tenía y a los pocos minutos, empezó a tener orgasmos. Yo no quería cambiar la posición porque parecía que era esa la que le gustaba, y ciertamente era la que mejor le iba.
Porque luego de haberse venido algunas veces, se puso a montarme y se cansaba mucho. Me di cuenta que lo hacía para complacerme y a modo de retribución por el placer que le estaba provocando mi polla, pero estaba bien por mí, el misionero estaba bien. Entonces la acosté nuevamente en el sofá donde pasé como 20 minutos más penetrando su coño. Me corrí con mucha fuerza y luego de sentir que había soltado litros de semen, me quedaban ganas para seguir follándola. Y lo hice, no pare de hacerlo hasta correrme una segunda vez. Su voz suave mientras gemía, era tan excitante que sentía que era un crimen hacer que parara. Así que echamos dos polvos.
Ahora es mi amante, no puedo dejar que de follarla. Ella entiende que no dejare a mi esposa pero me dice que también le gusta mucho el sexo conmigo y que mientras se pueda hacer, estará dispuesta a follar conmigo cuando el tiempo me lo permita.