Lleve un negro a casa para que follara a mi esposa

Mi esposa siempre me hablo de su fantasía de un hombre africano con una polla muy grande. Parece que no es solo el tamaño sino que también el asunto interracial la ponía un poco cachonda. Soy español y además blanco como ella, pero ninguno de los dos tenemos algún tipo de prejuicio racial. Muchas noches, antes de tener sexo, ella me platicaba más sobre su fantasía y me iba relatando como quería que fuera todo. Eso me ponía muy cachondo y a ella también. Siempre servía para calentarnos antes de follar.

Hasta que un día decidí ser yo quien daría el primer paso. Todo pasó cuando pase frente a una construcción y conocí a Miguel: un chaval joven que trabajaba ahí y que me ayudo a cambiar una llanta ese día. El sitio donde él trabaja, estaba frente a mi oficina y fue muy fácil establecer una amistad por unas semanas con él. Un viernes le invite una cerveza cuando salimos del trabajo y luego de estar un poco relajados, se lo propuse.

Mi primera propuesta fue que yo le pagaría por tener sexo con mi esposa, le iba a dar los detalles de lo que ella quería y él iría a un hotel donde le daría una buena follada. Le platique sobre lo mucho que la amaba y que era no más que una fantasía, aunque no me costó mucho convencerlo… ¡tal vez los 500 euros tuvieron algo que ver! pero todo fluyo muy bien y luego de tomarnos muchas cervezas, quedamos en hablar por el móvil para acordar el día.

Le conté a mi esposa lo que había hecho y tampoco fue muy difícil convencerla, ella acepto pero puso una condición: yo debía estar presente porque era un desconocido y no quería estar sola con alguien que realmente no sabía quién era. Aunque esa condición era en parte de la seguridad: un desconocido que luego jamás volveríamos ver.

Y llegado el día y todo acordado, mi amigo Miguel acepta que yo esté en la habitación. Apenas entro a la alcoba de hotel ya yo estaba excitado. Solo pensar lo que iba a ver, hacia que tuviera la polla dura. A mi mujer le temblaban las manos y pregunto muchas veces si estaba seguro de lo que íbamos a hacer. Le dije que confiara en mí, que nuestro amor era mucho más fuerte que cualquier cosa. Entonces mi mundo cambió cuando vi que Miguel se empezó a quitar la ropa y pude ver todos sus músculos.

Un hombre que parece que había sido esculpido por los Dioses. Su color negro brillante hacia que sus músculos se vieran más definidos y verlo tomar a mi mujer por las nalgas me hizo alucinar. Quería estar muy cerca, no quería perderme nada. Los gemidos de mujer empezaron a salir muy rápido y ya Miguel tenía su enorme verga muy dura. Me miraba y sonreía mientras metía sus dedos dentro del coño de mi esposa y yo un poco nervioso, trababa de no mirarlo.

Quería ver el coño de mujer penetrado por esa enorme verga pero en el fondo también quería tocar su pene. Algo se apodero de mí en ese momento que no podía dejar de respirar rápido mientras él se veía muy seguro de lo que estaba haciendo. Entonces mi esposa se agacha para meterse su miembro en la boca yo también me pongo de cuclillas detrás de ella para tomar su cabeza. Quería que se la metiera completa en hasta la garganta pero era imposible; era muy grande.

Mientras Miguel cierra los ojos disfrutando la mamada, mi mujer empieza a tocar sus nalgas con una mano y con la otra se estimula el coño. Cuando, en un momento mientras se la chupaba, se sale de su boca y yo instintivamente la tome con mis manos y la metí en la boca de mi mujer. Fue algo que no pensé hacer, solo fue un reflejo y ese fue el punto sin retorno. Ni ella ni Miguel hicieron un gesto de desagrado y solo me deje llevar.

Ya estaba compartiendo una polla con mi esposa y parece que no solo ella tenía la fantasía de tener un negro musculoso en la cama. Miguel tomaba mi cabeza con una mano y con la otra la de mi mujer, mientras alternaba las dos bocas que tenía disponible para meter su verga. Estaba muy dura y era muy larga, a mí me entraba casi la mitad, pero mi mujer es de boca más pequeña y ella solo podía chupar su cabeza.

Mientras mi esposa se acuesta en la cama, yo me empiezo a quitar la ropa para ver como como atravesaban su raja. Parecía que le iba a salir por la boca y literalmente era como tener un caballo sobre ella. Su pene negro se manchaba de flujo blanco mientras entraba y salía; no le entraba completa y él solo sonreía porque le estaba dando la follada de su vida a mi esposa.

Yo me acosté al lado de mi mujer mientras intentaba besar su boca y acariciar su cabello. Me hacía muy feliz verla sintiendo ese tipo de placer y además poder acompañarla, era lo mejor que me había pasado en mi vida luego de conocerla. Sabía que no había marcha atras y mientras apretaba sus tetas, me acosté sobre ella para besar su cuello mientras Miguel seguía penetrándola con mucha fuerza.

Hasta que en un momento se le salió y yo estaba ahí, en cuatro patas frente a él. Simulaba que solo quería besar a mi esposa pero por suerte para mí, toda esa baba que tenía su polla por haber reventado el chocho de mi mujer, sirvió como lubricante para que me la metiera por el culo muy fácil. Muy sorpresivo, no pensé que lo hiciera pero cuando sentí ese enorme miembro que me reventaba por dentro, mi propio pito se puso mucho más duro.

Esta vez su pelvis chocaba contra mis nalgas, a mí si me entro completa. Sentía que me estaba cagando pero también sentí como pequeños corrientazos en la cabeza de mi pene y mis bolas. Mi mujer agarraba mis nalgas mientras un negro enorme me follaba el culo. Me corrí tres veces sin siquiera tocarme la polla.

Luego me acosté de un lado de la cama donde veía como él seguía haciendo que mi mujer tuviera orgasmos. Puse mi cara sobre la pelvis de mi esposa para que de vez en cuando Miguel la sacara y yo poder chuparse como hacen los tríos en las películas porno. Así estuvimos un largo rato hasta que se corrió en mi boca y sobre el vientre de mi mujer.

Confieso que nunca había eyaculado de esa forma y que jamás pensé dejarme follar por otro hombre. Pero un negro es algo único, un hombre que está formado por músculos en todo su cuerpo y además es muy grande, se vuelve sexualmente atractivo para un hombre o una mujer.

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